Han de venir los días,
los cielos más abiertos.
Las blancas alboradas sobre las alamedas
y el cine de verano en los garajes.
Será cuando tú quieras. De la mano
las amplias avenidas
de ciudades proscritas pasearemos
y leeremos la prensa como viejos amantes
mientras un tiempo nuestro barre los calendarios.
Yo llevaré el vestido que compré en aquel viaje
a sabiendas que un día te amaría
y que hace juego con el envés de tus manos
y mis piernas, heladas sin tu boca, ateridas.
Ha de llegar para ambos
un día singular, un día de fiesta.
Un cementerio donde enamorarnos

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